¿Vulnerables? (3)

Los cuidados y la colaboración ciudadana como proyecto político.

En el escrito anterior, presentaba a la persona como ser social partiendo de su individualidad, pero mirando al colectivo; ahora queremos colocar al colectivo político mirando a la persona. Y, en nuestro caso, dirigiendo la mirada hacia las personas mayores.

Y esta mirada a un colectivo concreto no la planteamos por egoísmo sino, porque pronto será el colectivo más numeroso de la sociedad, personas preparadas, saludables durante muchos años y dispuestas a la colaboración social; la estructura política no puede prescindir de los mayores, como si fuera suficiente organizar solamente el servicio y la ayuda pasiva a los mismos.

Evidentemente somos vulnerables… todos. Los diferentes estratos de población tenemos necesidad de cuidados y ayudas diferentes. Los mayores estamos atentos a la necesidad de nuestros hijos e hijas, nietos y nietas. Suelen necesitar nuestro apoyo. También los mayores tenemos necesidad de cuidados en algún momento de nuestra vida.

Pero fuera del ámbito privado doméstico, tenemos la capacidad de percibir esas necesidades de los demás sectores, del colectivo y, en nombre de la vida buena, la vida plena, estamos dispuestos a ayudar. Y es más fácil hacerlo desde la colectividad que desde el esfuerzo individual.

Muchas personas mayores estamos organizadas en Asociaciones u otras colectividades, trabajando muchas veces cada asociación por su lado, diversificando los objetivos semejantes o iguales, si no es en actitud de competitividad.

Los ciudadanos no somos autosuficientes de manera individual, y solo conseguiremos el buen vivir, la vida plena, trabajando organizados de manera colectiva, impulsando la participación y los valores del colectivo. Y ¿cuál es la institución que puede impulsar y reforzar la organización colectiva? ¿Qué institución tiene el mayor poder de reunir a los ciudadanos, ofrecer recursos y ponerles mirando a los demás? Sin duda las instituciones políticas, en nuestro caso el Gobierno Vasco y los organismos políticos de los territorios y de las ciudades y los pueblos.

En consecuencia, la vida plena, los valores de la vida buena deben de constituir el norte de todos, colocando en esa dirección los esfuerzos individuales de asociaciones y personas. Y solo la acción ciudadana podrá lograr que las instituciones políticas se sitúen en ese objetivo, ofreciendo y organizando nuestra colaboración.

Se ha dicho muchas veces, pronto el colectivo de personas mayores constituirá el 30% de nuestra sociedad. Y la mayoría con capacidad de actuar en esa sociedad. Pero será el gobierno el que puede estructurar, reunir, organizar y proveer de recursos las fuerzas individuales; en nuestro caso, el Gobierno Vasco.

Si las personas se organizan de forma individual y autosuficiente, no existe institución alguna que pueda obligarles a cuidar a los demás. Si es un derecho recibir el cuidado necesario, es necesario separar los cuidados del ámbito de “la buena voluntad” de las personas. No es un derecho que se pueda garantizar solo con la compasión y la pura solidaridad. La vulnerabilidad y la necesidad de cuidados define a los humanos y la institución política tiene que asumir ese derecho, no en solitario, sino compartiéndolo con los ciudadanos.

El departamento de Servicios Sociales del Gobierno Vasco ha creado recientemente la Asamblea de Mayores de Euskadi (EAB), cuya finalidad es ir aclarando y actuando de manera real en el ámbito de los derechos y obligaciones de las personas mayores. Movimiento interesante al que damos la bienvenida. Con la intención de acercar a los mayores la visión de la vida buena, la vida plena, y de encaminar las acciones de los responsables políticos y sociales a ese objetivo.

Es de agradecer que los representantes del gobierno en el Departamento de Servicios Sociales hayan posibilitado la mirada conjunta y el impulso a esta nueva perspectiva de colaboración. Pero no creemos que sea suficiente para mantenerla a medio plazo. Tal como se ha organizado, no existe la seguridad de su continuidad, ya que depende de los actuales responsables de gran voluntad y capacidad; en efecto, conocemos bien la fragilidad de la estructura política y las debilidades y cambios que puede sufrir en las diferentes legislaturas.

Aunque están asumidas y garantizadas la afirmación y la posición política a favor de la igualdad de los derechos de hombres y mujeres, se vio necesario crear el Instituto Vasco de la Mujer; ha sido un punto de partida importante en la socialización de este derecho, que hemos interiorizado en la inmensa mayoría. Aunque no sea de forma inmediata, la creación y la acción del Instituto Vasco de la Vejez ayudaría a una visión social de la vejez más extendida y profunda y asegurarían la continuidad de la relación y la colaboración entre la estructura política y las asociaciones y ciudadanos del sector ¡Que así sea!

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