¿Vulnerables? (2)

Nos han ahogado con los miedos, miedos de toda clase, todos enormes, inevitables. En consecuencia, miremos el presente, vivamos a tope el verano, sin medida, llegará el otoño no sabemos en qué condiciones, incontrolables como el mundo mismo. Mientras sigamos así, no nos deprimiremos.  Pero esa solución no vale para todos; algunos, cada vez más, viven esta situación con gran angustia.

En consecuencia, en esta complicada encrucijada del mundo y de nuestra sociedad tenemos la opción de decidir entre dos salidas únicas: continuar por el camino que nos ha ofrecido la sociedad del liberalismo hacia nuestra desaparición; o pensar en cómo debemos actuar para evitar el sufrimiento de muchas personas y el suicidio colectivo. Utópico total pero único camino sobre el que debemos pensar y mentalizarnos cada individuo.

Todos deseamos el bienestar, el estar bien; cada uno de nosotros entiende el bienestar a su manera, pero, además de satisfacer las necesidades básicas, lo unimos a la riqueza, a poseer dinero, a acumularlo individualmente en gran cantidad. Pero no hay para todos. Esa mentalidad nos aleja del bienestar colectivo y, a larga, del mismo bienestar individual, por ser más amplio a nuestro alrededor el estrato de hombres, mujeres y niños que viven en verdadera necesidad. ¿Hay solución?

El auténtico bienestar se derivará de ensanchar el ámbito de la “vida buena” el “buen vivir” la vida plena, de modo personal, pero mirando al colectivo. La consecución del “buen vivir” exige un esfuerzo individual, pero dirigiendo la mirada a los demás, levantando la cabeza y con la mirada abierta a los demás. Los cuidados son la llave de la vida buena.

El buen vivir, la vida buena -en contraposición a la buena vida – se desarrollará desde esa doble perspectiva.

  1. Cada uno debe cuidarse a sí mismo. Quien no se siente internamente bien, difícilmente puede proyectar su mirada a los demás; debemos abastecernos de competencias para poder cuidarnos y mirar a los demás. Y el buen vivir debe dar sentido a nuestra vida en la vía de una vida plena.
  2. Pero el buen vivir, la vida buena es crítica con el sistema de valores de la sociedad, y, primeramente, con la ambición de acumular riqueza sin límite, como objetivo de una vida feliz y plena, obviando las necesidades sociales.

Por suerte, hay quienes trabajan por los demás sin esperar un pago. También quienes utilizan lo que les sobra en ayudar a los demás. Finalmente, quienes optan por la libertad interior frente a las cosas materiales.

 

Buen vivir: vivir con menos, para vivir mejor nosotros y las generaciones siguientes, sin que excluyamos el crecimiento, pero creciendo de otra manera: con la mirada en el bien común, en poder cubrir las necesidades de otros, en clave ecológica, feminista, con una visión unitaria del mundo en cuanto a los derechos individuales… fortalecer estos valores es el camino de la vida buena.

La vida buena -plena- sabe con qué debe comprometerse en la construcción de la sociedad: “la cooperación frente a la competitividad, el altruismo frente al egoísmo, lo local frente a lo global, lo relacional frente a lo material, compartir frente a poseer, frugalidad frente al lujo, lo común frente a lo privado. Podríamos añadir como crítica que la ambición humana se ha liberados de todo control moral y social” Joan Carrera.

En nuestra concepción social el bienestar tiene más de las segundas opciones de esos polos; los principios definitorios de la “vida buena”- no de la buena vida-se emparejan más con las primeras opciones mencionadas.

Es evidente que el camino del Buen vivir es en nuestra sociedad algo muy utópico, pero mucho más humano y, sobre todo, más necesario si queremos que la humanidad -nuestros nietos-tenga un futuro. Y no debemos olvidar que muchas pequeñas acciones, cuando se multiplican, pueden generar grandes cambios. Y los viejos tenemos mucho que decir.

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